
Antonio Vega en una de sus últimas apariciones antes de su muerte lucía en su cuello un colmillo que pendía de un cordón. No era un accesorio más. Era un amuleto regalo de los niños indígenas de Río San Juan, al sur de Nicaragua.
Con dicho talismán, los pequeños querían agradecer al cantante la pequeña escuela construida en medio de la selva gracias a su ayuda. A Antonio Vega, media vida desahuciado por sus dependencias, se le asoció siempre con la melancolía y los mundos más sórdidos, pero mantenía en el anonimato este perfil solidario que ahora sale a la luz.
Un sueño compartido es un disco que sólo se vende en Fnac desde 2008 y por Internet. En él, Antonio Vega canta y toca la guitarra con el grupo Un mar al sur. Gracias a este trabajo se pudo levantar una escuela de madera y pintada de azul como la bandera de Nicaragua. En ella Vega se gastó los 9.000 euros recaudados con la venta de 1.400 copias del disco.
Vía: El País
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