Hay que aceptar una cosa: Guns n´Roses fue una banda circunstancial, una de esas agrupaciones “necesarias” para cambiar de época. Nos regalaron una colección de buenas canciones clásicas que a todos gustan, con amplias demostraciones del sonido de alguien que domina la guitarra y que se hace llamar Slash. De paso dejaron de lado a esas banditas metaleras que ya eran más una caricatura de ellas mismas que otra cosa. Irónicamente, ese sería también el destino de Axl Rose.
¿Realmente alguien esperaba algo de Chinese Democracy? Aceptemos que Axl Rose nunca tuvo gracia solo, sino gracias a la maquinaria (de nuevo, dominada por un tal Slash) Ese soporte ya no existe, aunque el nombre siga vivo. Entonces, una vez que aceptamos que el factor que nos mueve en este material es el más puro morbo, podemos darle play con más calma.
El resultado es una muestra de absoluta perserverancia. Contra todo y todos, Axl Rose sacó adelante su disco. La pregunta es, ¿para qué o qué?, ¿para quién? Nos encontramos con una serie de canciones hechas de una forma hueca, sin ningún destello claro que nos pueda hacer recordar al GNR de antaño, salvo el nombre.
Estoy de acuerdo con todos los que dicen que este disco está fuera de tiempo. Y es que pareciera haber sido grabado en los 90s para luego guardarse todos estos años. Tal vez en esa época hubiera funcionado un poco, al menos respaldado por la euforia que aún tenía el nombre de GNR. Hoy, años después de ver a Axl en más escándalos que otra cosa y escuchar el resultado final de tantos años de espera, podríamos prescindir de Chinese Democracy sin ningún problema. ¿Por qué no lo titularon algo así como “The Lost Demos”?
Si yo fuera parte del gobierno chino, no me molestaría Chinese Democracy. Al contrario.
